llueve a gusto de todos
Dejé las montañas de Santa Mónica por la autovía 101, hace un rato.
Ahora espero a los extraterrestres
con la moto entre las piernas
frente un restaurante japonés de lujo
mientras los vampiros caminan por el valle
con un Cacaolat caliente en la mano
y tu me quemas con tus ojos,
corrigiendo mis versos.
Hollywood está debajo de mí
como el muerto Jimmy Dean.
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