mapas y tomates
Tras la escalera, se nos cae Kafka al suelo en una calle sin aceras marcando a Alejo Carpentier, antes o después de las cervezas, y el dueño del sex shop nos mira, desde arriba, llenándonos la boca. Tras la cortina roja, después del concierto, las personas que no huelen nos apuntan con sus largos dedos, disparan, y las amamos medio muertos en el suelo frío que nos tensa soportando los estantes, en sinónimos, con nuestros libros llenos de poemas de mierda. Tras las plantas y flores, después de caminar toda la orilla del Mediterráneo, las puertas se abren a la esencia dulce de la descomposición del mercado de abastos y el tren junta extraños compañeros de cama. Tras la máquina de coser, después de mear con Marta, escribimos versos sobre el precio de los tomates sin aroma y encontramos avenidas con dos pianos de cola vivos.
Tras la lluvia, después de un trámite entre sexual y literario, bajamos la costereta para acceder al mapa, Family canta una canción y agradecemos el porqué de este viaje.
Tras la lluvia, después de un trámite entre sexual y literario, bajamos la costereta para acceder al mapa, Family canta una canción y agradecemos el porqué de este viaje.
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