POZO (querido diario)
segunda posición
Querido diario:
De la contrafachada solo emergen dos coronillas de antenas parabólicas, una evacuadora de gases calientes a medio pintar y una arquería de ropa tendida. El lóbulo frontal superior esta surcado de moho y tres tiestos vacíos bajo una persiana bajada que un día quiso ser blanca. Desde mi cristalera diviso el edificio cuya base rematan las uralitas grises de un garaje abierto a la desesperanza.
Es allí donde viven los niños umbilicalmente conectados: agujero, a una taquilla de monedas y ema, a un urinario publico de la rambla(*).
>espidifen, ranitidina, gelocatil, Horowitz, Músorgski, "La tierra baldía" y nueve paquetes de tabaco.
El sonido de la bomba de calor me produce dolor de cabeza.
1.
Querido diario:
Agujero. escondido dentro de un mono azul celeste, caminando. Su pene semi flácido (esa verga floreada color camuflaje que se ofrecía en la escala) se bambolea mas abajo de esa barba cortazariana que es característica y raza y que bordea la sonrisa de juventud desdentada. Finge no verme, así como yo (sentado en el blanco piedra del banco) desvío mi mirada hacia las coloridas redes zurcidas en manos de la anciana. De mi gabán, cual cachalote, surge un verso. Al fondo del cuarto, en el dique, Ema camina con las manos en los bolsillos del chándal, la brisa le abre una mueca y los dientes brillan deslumbrando, anulando la mini perilla negra manchada de semen blanco. En las aceras caminan paseados perros y novias mientras en la costereta, bajo el sol de invierno, comen los gatos.
2.
Querido diario:
Como las gemelas de el resplandor, emergen cogidos de la mano con las camisas de chorreras de un azul celeste que suaviza la tela. Su base, un agujero decorado con los carteles luminosos de los comercios abandonados que relucen gracias al rayo de luz que llega oblicuamente de un ojo triangular con una lágrima de plata y sombrero de copa, alrededor del pozo crecen los zarzales de flores amarillas que bordean el cuadro redondeando las figuras de mirada perdida y mi vista se paraliza en su boca. diecisiete músculos que se contraen en una sonrisa que asoma restos de vomito verde en la comisura. no se ven los pantalones, ni la lluvia que empapa la escena y que sin sorpresa no les moja, como si el zarzal fuese un paraguas y el hoyo un río en cuyo fondo hay un rosa y ya no veo nada- No era un sueño en una habitación acolchada emitiendo latidos de un anciano, ni déjà vu de realidad soñada, ni vídeo de fantasmas.
Querido diario:

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