jueves, 4 de mayo de 2017



En el desayuno después de Manuel Álvarez Ortega leí,
después de releer de nuevo la carta y las pruebas y notas de los entonces,
el cuento que da nombre al libro.
Me sumergí en la cuarenta y ocho siendo Laura,
y Cesar, y Víctor,
y el lechón en su bandeja forrada de plata,
y hasta las columnas del salón
pero, "aunque siempre se trató de morir o matar",
no pude ser Cristina.
Me levanto de la mesa y acudo a la casa a ver el correo,
con la promesa en la frente de recibir sobres cerrados,
y escribo escuchando Dry Martini S.A. del Vegas,
recordando cuando fui un niño y cuando fui mascota
"taladro, soy un bicho taladro"
nadie soy para cuestionar el amor de los castores
y las avispas y los gusanos
"quedará, menos mal, el pentax, la realidad, el sueño y el S.A"

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